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domingo, 23 de mayo de 2010

La primera dificultad, encontrar un exorcista.

Dice Gabriel Amorth en su libro "Habla un exorcista":


"Y resulta clara la obra de Cristo, que ha demolido el reino de Satanás y ha instaurado el reino de Dios. Por eso poseen una particularísima importancia los episodios en los que Jesús libera a los endemoniados: cuando Pedro resume ante Cornelio la obra de Cristo, no cita otros milagros, sino sólo el hecho de haber curado «a los oprimidos por el diablo» (Ac. 10, 38). Entonces comprendemos por qué la primera facultad que Jesús confiere a los apóstoles es la de expulsar a los demonios (Mt. 10, 1); lo mismo vale para los creyentes: «Y estas señales acompañarán a los que crean: expulsarán demonios en mi nombre...» (Mc. 16, 17). Así, Jesús cura y restablece el plan divino, malogrado por la rebelión de una parte de los ángeles y por el pecado de los progenitores."


La expulsión de los demonios por Jesucristo en su época terrenal era un anticipo de lo que iba a suceder de manera inminente como es la derrota de Satanás en la Cruz y este poder de liberar, en su nombre, a las personas esclavizadas por el diablo que nos ha dado a todos los cristianos que creemos en El, es de suma importancia llevarlo a efecto. Así en la Iglesia Católica este cometido está reservado a los Obispos que generalmente no lo desarrollan, quizás se puedan contar con los dedos de la mano los que hayan realizado algún exorcismo, lo que hacen es delegar en algún sacerdote que consideran mas idóneo para tal fin. Tengo la impresión que cuando se presenta un caso de posesión en una diócesis se crea un problema que nadie quiere resolver, así sucede que en algunos casos y estando la persona poseída por el demonio la han despedido destempladamente diciendo que no tiene posesión, la verdadera razón puede ser de lo mas peregrino como que el local destinado para ese fin se ocupa ocasionalmente para otras actividades, etc. En otros casos cuando los familiares de la persona esclavizada acuden a clérigos de la Iglesia pidiendo ayuda, estos se ríen de ellos y les dice que lo que tiene que hacer el propio poseído es no vivir en pecado como si una persona con el demonio dentro pudiera evitar no pecar. En el fondo puede que haya un temor a significarse ante el demonio que pudiera acabar con sus aspiraciones dentro de su organización.
Por mi relación constante con casos de posesiones diabólicas en cualquier parte del mundo, aconsejo siempre a estas personas y a sus familiares, que vayan a pedir ayuda al obispo de su diócesis y que no desistan de hacerlo por muchos inconvenientes que surjan, que piensen que el demonio no desea ser exorcizado, que no desea ser expulsado y hará todo lo posible por escabullirse; que insistan una y otra vez hasta conseguir del obispo que nombre a un exorcista a ser posible con experiencia..

3 comentarios:

Antonio Garrido dijo...

Para las personas experimentadas en la liberación de personas, no ofrece dudas cuando se trata de posesión y de cuando se trata de un problema de siquiatra. Pero hay veces que se dan los dos casos simultáneamente y en algunas ocasiones además el espíritu que posee puede ser mudo con lo que aun se pueden complicar mas las cosas.
De cualquier manera hay que decir que las oraciones realizadas sobre cualquier persona aunque tenga una enfermedad encuadrada dentro del campo de la psiquiatría, las oraciones nunca le van a dañar sino todo lo contrario, le sentarán bien. Por eso no entiendo muy bien esas alegaciones que hacen algunos obispos de querer le sean entregado algún documento que acredite que la persona no tiene una enfermedad psíquica.

Antonio Garrido dijo...

El inconveniente que se encuentran estas personas con problemas de posesión, que al principio se trata de una posesión incipiente, el demonio está en estos casos intentando ganar terreno siempre con mentiras haciendo creer al interesado que tiene ciertos poderes haciéndole ver que no es un problema sino algo que le puede ayudar, etc. El problema como digo es el desconocimiento de lo que les está sucediendo, el no saber a quien acudir y buscan en un sitio y en otro que alguien les diga que les acontece.
Cuando ya se les dice que los signos que presentan se corresponden con un caso de posesión diabólica, con mayor o menor precisión, incluso a veces le puedes decir hasta el nombre del demonio de que se trata y que lo que no debe hacer nunca es acudir a magos, sanadores, chamanes, espiritistas, gentes que les va a agravar aun mas su situación personal y que además de sacarles todo el dinero que puedan les meterá otro demonio mas, aun si cabe peor que el que ya llevan dentro. Y que lo que deben hacer con la mayor rapidez posible es hablar con el obispo de su diócesis, que le cuente todo lo que le pasa y solicitar de un exorcista que le realice un exorcismo de prueba a ser posible por un exorcista experimentado, para que no haya confusiones.

Antonio Garrido dijo...

Esa recomendación que hacen algunos obispos o clérigos de la Iglesia a las personas poseídas por el demonio de que se pasen para ser reconocidos por un psiquiatra no deja de ser una perversión. En el mejor de los casos los deberían enviar a psiquiatras creyentes en Jesucristo y católicos, así y todo mientras son reconocidos y tratan de encuadrar sus síntomas entre las enfermedades mentales, medicamenten para ver como reacciona, y estudien su evolución habrá pasado un tiempo precioso que ya no se recupera y el demonio ha ido minando la voluntad poco a poco y haciéndose cada vez mas fuerte, si se estaba ante un caso incipiente de posesión demoníaca, que con un par de sesiones habrían bastado para su liberación, después de esa pérdida de tiempo, se puede convertir en uno o mas años.
Pero lo normal no es que te den la referencia de un psiquiatra cristiano, católico, apostólico y romano a quien acudir; lo que hacen es que les dicen que vayan al psiquiatra, así sin mas. ¿Y qué puede suceder? que el psiquiatra sea creyente pero que no crea en la existencia del demonio como les pasa a algunos clérigos, comprenderán que para esto es mejor quedarse quieto; o puede suceder que el psiquiatra no sea creyente y si no cree en Dios espero que tampoco crean en el demonio, también es mejor no acudir.
Por eso digo que esa recomendación de ir al psiquiatra es una perversión mas o menos diabólica que va en contra en cualquier caso de la persona poseída.

EL COMBATE ESPIRITUAL


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Gabriel Amorth exorcista de Roma, decano de exorcistas.


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«Vendrán de Oriente y de Occidente, del Norte y del Sur y se sentarán a la mesa en el Reino de Dios»

EVANGELIO DEL DÍA: 27/10/2010
¿ Señor, a quién iremos?. Tú tienes palabras de vida eterna. Jn 6, 68
Miércoles de la XXX Semana del Tiempo Ordinario
Carta de San Pablo a los Efesios 6,1-9. Hijos, obedezcan a sus padres en el Señor porque esto es lo justo, ya que el primer mandamiento que contiene una promesa es este: Honra a tu padre y a tu madre, para que seas feliz y tengas una larga vida en la tierra. Padres, no irriten a sus hijos; al contrario, edúquenlos, corrigiéndolos y aconsejándolos, según el espíritu del Señor. Esclavos, obedezcan a sus patrones con temor y respeto, sin ninguna clase de doblez, como si sirvieran a Cristo; no con una obediencia fingida que trata de agradar a los hombres, sino como servidores de Cristo, cumpliendo de todo corazón la voluntad de Dios. Sirvan a sus dueños de buena gana, como si se tratara del Señor y no de los hombres, teniendo en cuenta que el Señor retribuirá a cada uno el bien que haya hecho, sea un esclavo o un hombre libre. Y ustedes, patrones, compórtense de la misma manera con sus servidores y dejen a un lado las amenazas, sabiendo que el Señor de ellos, que lo es también de ustedes, está en el cielo, y no hace acepción de personas. Salmo 145(144),10-14. Que todas tus obras te den gracias, Señor, y tus fieles te bendigan; que anuncien la gloria de tu reino y proclamen tu poder. Así manifestarán a los hombres tu fuerza y el glorioso esplendor de tu reino : tu reino es un reino eterno, y tu dominio permanece para siempre. El Señor es fiel en todas sus palabras y bondadoso en todas sus acciones. El Señor sostiene a los que caen y endereza a los que están encorvados. Evangelio según San Lucas 13,22-30. Jesús iba enseñando por las ciudades y pueblos, mientras se dirigía a Jerusalén. Una persona le preguntó: "Señor, ¿es verdad que son pocos los que se salvan?". El respondió: "Traten de entrar por la puerta estrecha, porque les aseguro que muchos querrán entrar y no lo conseguirán. En cuanto el dueño de casa se levante y cierre la puerta, ustedes, desde afuera, se pondrán a golpear la puerta, diciendo: 'Señor, ábrenos'. Y él les responderá: 'No sé de dónde son ustedes'. Entonces comenzarán a decir: 'Hemos comido y bebido contigo, y tú enseñaste en nuestras plazas'. Pero él les dirá: 'No sé de dónde son ustedes; ¡apártense de mí todos los que hacen el mal!'. Allí habrá llantos y rechinar de dientes, cuando vean a Abraham, a Isaac, a Jacob y a todos los profetas en el Reino de Dios, y ustedes sean arrojados afuera. Y vendrán muchos de Oriente y de Occidente, del Norte y del Sur, a ocupar su lugar en el banquete del Reino de Dios. Hay algunos que son los últimos y serán los primeros, y hay otros que son los primeros y serán los últimos". 
Lc 13,22-30
Leer el comentario del Evangelio por  Misal romano Plegaria eucarística para la reconciliación, nº 2
«Vendrán de Oriente y de Occidente, del Norte y del Sur y se sentarán a la mesa en el Reino de Dios»
     Padre de bondad, tu Hijo ha dejado a tu Iglesia esta prenda de su amor. al celebrar, pues, el memorial de su muerte y resurrección, te ofrecemos lo mismo que tú nos entregaste: el sacrifcio de la reconciliación perfecta.      Acéptanos también a nosotros, Padre santo, juntamente con la ofrenda de tu Hijo; y en la participación de este banquete concédenos tu Espíritu, para que desaparezca todo obstáculo en el camino de la concordia y la Iglesia resplandezca en medio de los hombres como signo de unidad e instrumento de tu paz.      Que este Espíritu, vínculo de amor, nos guarde en comunión con el Papa Benedicto XVI, con nuestro obispo N., el colegio episcopal, y todo tu pueblo santo.      Recibe en tu reino a nuestros hermanos que se durmieron en el Señor y a todos los difuntos cuya fe sólo tú conociste.      Así como nos has reunido aquí en torno a la mesa de tu Hijo, unidos con María, la Virgen Madre de Dios, y con todos los santos, reúne también a los hombres de cualquier clase y condición, de toda raza y lengua, en el banquete de la unidad eterna, en un mundo nuevo donde brille la plenitud de tu paz, por Cristo, Señor nuestro. 

miércoles 27 Octubre 2010

Santos Vicente, Sabina y Cristeta


Santos Vicente, Sabina y Cristeta
Vicente, Sabina y Cristeta son hermanos. Han nacido y viven en Talavera (Toledo). Los tres disfrutan de su juventud —Cristeta, casi niña- y, como en tantos hogares después del fallecimiento de los padres, hace cabeza Vicente que es el mayor. Manda en el Imperio la tetrarquía hecha por Diocleciano con el fin de poner término a la decadencia que se viene arrastrando a lo largo del siglo III por las innumerables causas internas y por las rebeliones y amenazas cada vez más apremiantes en las fronteras. Diocleciano, augusto, reside en Nicomedia y ocupa la cumbre de la jerarquía; su césar Galerio reside en Sirmio y se ocupa de Oriente; Maximiano es el otro augusto que se establece en Milán, con su césar Constancio, en Tréveris, gobiernan Occidente. El presidente en España es Daciano hombre cruel, bárbaro y perverso, que odia sin límites el nombre cristiano y que va dejando un riego de mártires en Barcelona y en Zaragoza. Llega a Toledo y sus colaboradores buscan en Talavera seguidores de Cristo. Allí es conocido como tal Vicente, que se desvive por la ayuda al prójimo y es ejemplo de alegría, nobleza y rectitud. Llevado a la presencia del Presidente, se repite el esquema clásico, en parte verídico y en parte parenético de las actas de los mártires. Halagos por parte del poderoso juez pagano con promesas fáciles, y, por parte del cristiano, profesiones de fe en el Dios que es Trinidad, en Jesucristo-Señor y en la vida eterna prometida. Amenazas de la autoridad que se muestra dispuesta a hacer cumplir de modo implacable las leyes y exposición tan larga como firme de las disposiciones a perder todo antes de la renuncia a la fe nutriente de su vida que hace el cristiano. De ahí se pasa al martirio descrito con tonos en parte dramáticos y en parte triunfales, con el añadido de algún hecho sobrenatural con el que se manifiesta la complacencia divina ante la fidelidad libre del fiel. Bueno, pues el caso es que a Vicente lo condenan a muerte por su pertinacia en perseverar en la fe cristiana. Lo meten en la cárcel y, en espera de que se cumpla la sentencia, es visitado por sus dos hermanas que, entre llantos y confirmándole en su decisión de ser fiel a Jesucristo, le sugieren la posibilidad de una fuga con el fin de que, sin padres que les tutelen, siga él siendo su apoyo y valedor. La escapada se realiza, pero los soldados romanos los encuentran en la cercana Ávila donde son los tres martirizados, en el año 304. El amor a Dios no supone una dejación, olvido o deserción de los nobles compromisos humanos. Vicente, aceptando los planes divinos hasta el martirio, hizo cuanto legítimamente estuvo de su parte para sacar adelante su compromiso familiar.